Períodos de sequia escrituril
Si te gusta escribir, la inspiración siempre vuelve
Previo: hoy tocaría la cuarta parta de “Medidas para domesticar a la fiera”, pero resulta que me ha salido esto, así que… el próximo - y espero último- programado para la siguiente semana.
Si no leíste los tres primeros, los puedes leer aquí, aquí y aquí.
🤔 La reflexión
A veces, cuando no te obligas, salen cosas
Hace unos meses que no tengo mucho que decir. Me he estado obligando a escribir, a publicar, a aparecer sin tener nada genuino que contar, que me llegara como un soplo de inspiración, como un susurro del alma, como solía pasar antes.
Quizá eso se deba – no lo niego – a que he cambiado mi hábito de escritura (antes debía estar sentada en el ordenador como un clavo a las 7.30 todos los días hasta las 18.00 o las 21.00 cada día) y a que he cambiado mi hábito con esta aplicación que nos une en esta lectura.
El año pasado era lo único que me hacía ilusión de verdad en mi anodina vida de trayectos de hora y media para ir al trabajo durante 8, 9 o 10 horas al día. Era ese momentito solo para mí en el que consultaba que leer en mi bandeja de entrada de entre todas las newsletters a las que estaba suscrita.
No lo niego, vicio puro. Podía leerme perfectamente 5 post como mínimo e, incluso, 15 o 20 en los días en que el tiempo y las tareas me lo permitían. Interactuaba en notes, buscaba y aceptaba colaboraciones y estaba en plena ebullición subsctakariana.
Luego llegó mi ansiado viaje. Un viaje que quise hacer durante años y que nunca me podía permitir. Por tiempo, por dinero, por obligaciones variadas o por todas las cosas a la vez.
Ahí no me apetecía escribir, no me apetecía lo online. Me apetecía la vida real, la que se palpa, se huele, se saborea y se siente. El pleno disfrute de la experiencia de estar en un país que había ansiado tanto conocer y que disfruté como una enana. La vida, en estado puro. Qué ganas de volver…
Y después, ese valle de la muerte entre una decisión difícil ya adoptada y ejecutada y varias más que estaban por llegar. Prueba-error-prueba-error. Confusión-claridad-confusión-claridad y confusión otra vez. Y más prueba-error en bucle, como si estuviéramos en la famosísima “el día de la marmota”. Lo que menos necesitaba, francamente, es pasar horas y horas leyendo pensamientos de otros en lugar de alimentando motu propio mis propias decisiones.
Reconozco que después de un tiempo sin interactuar tan activamente con la plataforma, cada vez que entro para escribir, publicar o leer algo, la reconozco menos. Mis notas, si las hago, llegan menos y son menos comentadas (es normal, he desaparecido del mapa). Y las notas que me llegan son de personas que aún no conozco y con las que no comparto a penas intereses.
Eso hace que me apetezca aún menos estar por aquí. Quizá por eso mis notas lleguen menos. Porque la plataforma premia más a quien se lee veinte artículos casi todos los días y comenta treinta notas - como yo antes - que, a quien apenas aparece.
En fin, esclavos de nuestras propias decisiones o libertadores con nuestras propias decisiones.
La cuestión es que me apetecía compartir porque no escribo, pero no por el puro placer de compartir – que también -, sino por aquello de “haz lo que te apetezca”. “No te obligues”, “porque cuando la inspiración y las ganas tengan que aparecer, aparecerán.”
También os digo, el hábito de escribir, hace al escritor y cuanto más escribes, más ideas asaltan tu mente para ser llevadas a la realidad. Así lo he vivido en este año y medio, desde que me permití volver a escribir. Lo que pasa es que no todas tienen por qué ser publicables, no todas tienen por qué ser compartidas. A veces, solo son ideas que se quedan en tu cuaderno, que te liberan de una mala emoción o que te sirven para expresarte o entretenerte.
En cualquier caso, escribir es gratis y terapéutico, así que, si estás en un período de sequía escrituril, como han sido estos meses para mí, escribe lo que, y cuanto te apetezca en tu cuaderno, en tu Word o en tu Google doc, como si son dos líneas. Es gratis, sienta bien y quien sabe para qué puede dar esa idea después.
Nada más por hoy.
Me encantará leeros.
Un abrazo con presencia,
Isabel 🙃
PD: echaba de menos escribir algo que me saliera solo y no forzado.



Querida amiga Isabel, pues tú lo has dicho todo al final, escribe lo que te dé la gana, cuando te dé la gana, publiques, no publiques, comparte abriéndote del todo, solo un poco. Todo está bien, y aquí seguimos.
Como dice Van, yo tb te echo de menos, pero te entiendo. Y está bien echarse de menos ❤️, mucho mejor que echarse de más.
La frase más famosa de John Lennon es: «La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes».
Creo que con la escritura, o mejor dicho, con la publicación, pasa algo así. Igual que ir al concierto de tu ídolo y estar pendiente de grabarlo en vez de disfrutarlo. O estar con los selfies.¡Qué desperdicio!
Has elegido la vida. O ella a ti. O las dos os habéis elegido. Y está genial, Isabel.
Si eso no le gusta mucho al algoritmo... ¡Pues que le den!