¿Querer es siempre poder?
Una de esas crudas realidades...
🤔 La reflexión
¿Es verdad eso de que querer es poder?
La respuesta a esa pregunta nunca me ha parecido tan clara. Me disponía a hacer algo productivo cuando me encontré con el último post de Bea G. Pozo en Notes y su lección aprendida (o no). Y pensé: e x a c t a m e n t e lo mismo.
No todo tiene por qué ser productivo.
Algunas cosas son, sin más.
No hay que buscarle tres pies al gato.
No de todo se puede extraer un aprendizaje. A veces metes la pata, pierdes el tiempo, gastas —que no inviertes— una hora que no volverá… y ya está.
Ayer fue uno de esos días en los que gasté el tiempo y punto.
Estuve, sin más.
Me levanté con pocas ganas de nada. Conseguí ducharme y salir a la calle para que me diera el sol. Compré un par de cosas para una receta y me tomé un café en una de mis nuevas cafeterías favoritas.
Pensé que esa salida temprana me revitalizaría, pero cuando llegué a casa solo pude tumbarme en la cama con el teléfono en modo avión, sin datos y con el wifi desactivado. Necesitaba aislarme un poco del mundo.
Y así pasé casi toda la tarde.
¿Saturación? ¿Exceso de información? ¿Autoexigencia acumulada? ¿Dudas?
¿Parálisis por análisis? ¿El eclipse?
Quién sabe.
El caso es que fue.
Y todos tenemos ese tipo de días.
A veces vegetamos en la oficina sabiendo que a final de mes el sueldo llegará igual, rezando porque al día siguiente despertemos mejor para terminar esa tarea que vence durante la semana.
Otras, cuando emprendes algo por tu cuenta, asumes que eso que querías hacer se retrasará un poco más; que otro día tendrás que dedicarle más horas si no quieres que se posponga; o que, simplemente, hoy no estás inspirada y esa tarea no puede hacerse.
Sí, ya sé que aquí entraría el discurso de que hay que crear sistemas, no esperar a la inspiración.
De acuerdo, peeero, en desacuerdo.
Hay días y días.
Y si algo he aprendido en estas treinta y siete primaveras es que:
No por obligarte harás más.
No por repetirte que puedes, remontarás.
No por autoconvencerte las cosas saldrán.
Y, conste que no pretendo ser negativa con ello, sino tan sólo introducir esta pequeña dosis de la realidad —a veces, olvidada — en la ecuación de la “productividad debida” de nuestro tiempo.
A dónde quiero llegar es, a que querer no siempre es poder.
Y a que hay días en que, simplemente, hay que dejarse estar, comprender que la energía está al mínimo y recuperarse para que el “bendito” bucle:
sobreesfuerzo ➡ energía drenada ➡ parón involuntario no sea = ♾
Sobre esto hablamos con Vanesa Jiménez 🐺 el viernes pasado.
¿Cómo lidias con la culpabilidad (porque la hay) de tener que parar?
Con cuidado, diría de broma.
Y, en serio, lo que digo es: “con auto compasión”.
La misma que aplicarías con una amiga, con un hijo, con tu pareja, madre, padre, hermanos o compañeros, cuando tienen un mal día, cuando están cansados y faltos de energía o existe alguna situación que se escapa de sus manos.
¿Desaparece alguna vez esa culpa por parar cuando es necesario?
Siempre hay algo de culpa, no te puedo mentir, nunca se pasa – o, al menos, a mí, aun no me ha ocurrido- pero si que es cierto que a base de práctica y de no decirte cosas feas a ti misma, cada vez esa severa voz omnipresente que siempre te acompaña dura mucho menos. Se acalla antes. Y, le empiezas a contestar mejor — con una lógica aplastante, incapaz de rebatir… 😉—.
— Si, si, lo que tu digas,… debería, debería, debería, pero hoy no puedo. Fin de la conversación.
¿Y si nunca recupero la energía?
La recuperarás, siempre se recupera.
Gracias a hacerme caso ayer y no darme mucho con el látigo, como diría mi admirada Carol Zabal, hoy me he levantado con mucha más energía, ánimo y actitud para afrontar un nuevo día.
Haces un ejercicio consciente y…
Paras una tarde, no pierdes tres.
Te comprendes, porque eres humana, no una máquina.
Y gestionas que, no tienes por qué poder con todo, a pesar de lo que siempre creíste.
Y al día siguiente, gracias a comprenderte, te das las gracias por hacer lo mínimo y respetar tu energía; y sigues adelante: contenta, con ánimo, confiando en que las ganas y la energía vuelven y aprovechando que tus baterías, por fin, se han recargado.
Nota para ti que estás pecando de incredulidad:
Cuánto más me hago caso, antes me recupero de estos parones.
(Y… menos parones tengo).
Y no soy excepcional, soy una humana, como tu.
Ya sé que esto está muy feo decirlo, pero, aun así, lo diré:
La productividad está sobrevalorada.
Prefiero hablar en términos de eficiencia, de reducción de tareas innecesarias, de elegir qué se queda y qué se va o de minimización de tiempos para hacer tareas repetitivas, de gestionar mejor tu energía o de ayudarte de todas las herramientas necesarias, porque hay algo al otro lado del hacer mucho de forma constante:
La creatividad, la presencia, las ideas genuinas y la resolución de problemas aparentemente sin solución que encuentra la luz cuando les das su justo espacio.
Para la gente tan mental (lo soy), para la gente que siempre ha medido su valía (aunque se esté quitando) por el hacer constante y la productividad, bajar a tierra, bajar a los sentidos, disfrutar sin otra finalidad que estar presentes, atentos, plenamente conscientes del entorno, de los sonidos, de la brisa, de los aromas, de los sabores, escuchando de verdad lo que otros tienen que contar, eso… es oro puro.
Es la gasolina que recarga los depósitos en reserva.
Es la corriente que abarrota las baterías de energía.
Es el alimento para afrontar con pasión el día a día.
Es la medicina para vivir en mayúsculas -mucho más y, además, mejor-.
Por eso se me ocurrió que era necesario ese “date un minuto”, espacios para recargar la batería y llenar la vida de espacio y de recuerdos.
Siempre he sido de las que la han apurado al máximo la batería y he terminado pasando por taller más tiempo del que hubiera sido necesario.
Hoy quiero no estar al 1% de batería constantemente.
Volver con los depósitos llenos de alegría, calma y nuevas ideas.
Bajar de las nubes mentales a la realidad corporal.
Dejar de medir mi valía por lo que hago.
Y comprender, por fin, que descansar, relajarse y dejarse llevar también es productivo.
Un minuto o dos o tres o un fin de semana entero donde dejarme llevar y ceder el control es lo que me hubiera gustado tener cuando estaba en esa vorágine diaria de trabajo, compromisos y responsabilidades que no me permitían pararme a pensar si quiera en descansar.
Por eso he preparado esto para ti, para que puedas bajar de esas nubes borrascosas y pausar sin culpas durante un día entero.
Me encantará leeros.
Nada más por hoy.
Un abrazo con presencia,
Isabel.
PD: Pensaba anunciarlo antes, pero ya sabes, he intentado ser buena conmigo y no auto fustigarme por estar baja de energía.
PPD: hay que predicar con el ejemplo 🤓
PPPD: os iré compartiendo más herramientas a medida que las vaya descubriendo.
👩🏻🍳 La receta de la semana
✨ Mi nueva ensalada favorita






Eso es, amiga, escuchar al cuerpo y cambiar nuestro diálogo interno. Hacer un ejercicio de autocompasión hacia nosotras mismas y tratarnos y hablarnos igual que lo haríamos con nuestra mejor amiga. Y booom, nuestra manera de estar en este mundo cambia 💜
Llevo desde diciembre a remolque y solo ahora atisbo más energía. Muchas cosas pospuestas, pero he aprendido a darme pausa